Soy un águila de montañas, riscos y praderas
no debo olvidar, que puedo renacer
volar y la felicidad encontrar...
y aunque la vida me aplaste
me ponga barreras y me ate con cadenas...
enfrentaré los obstáculos, de frente
sin sentirme ajena...

 



A veces me pregunto,¿ seré un águila de verdad?
si nunca he visto a un águila... llorar
o tratar de juntar a todos los polluelos,
que tuvo en su vida entera...



Nunca vi , un ave de rodillas
reconociendo un error
suplicando el perdón,
después de volar tantas millas!



Me jactaba de poder
como el ave Fénix resurgir
después de caer... y... caer...
volver a empezar... volver a vivir!



Tampoco vi
un águila de amor morir
humillada... no la presentí,
la diosa del aire
sabe luchar y esconder el sufrir...



Entonces... ¿ soy solo una aprendiz
humilde y sencilla ?
Igual he de seguir...
practicando el ser feliz
para coronarme ¡ Águila entera !



Y cuando lo sea...
hasta podré decidir
si quiero morir.
Renovando plumas,
arrancarme el pico y las uñas
para poder seguir...




Sin lágrimas, sin penas
material, no etérea...
volaré tan alto sobre el mar...
donde nadie me pueda alcanzar
y volver algún día...
en calma, serena.



Matty Canales



 

 La difícil opción del águila
El águila es una de las aves de mayor longevidad. Llega a vivir 70 años. Pero para llegar a esa edad, en su cuarta década tiene que tomar una seria y difícil decisión. A los 40 años, ya sus uñas se volvieron tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta. El pico alargado y en punta, se curva demasiado y ya no le sirve. Apuntando contra el pecho están las alas, envejecidas y pesadas en función del gran tamaño de sus plumas, y para entonces, volar se vuelve tan difícil! Entonces, tiene sólo dos alternativas: Dejarse estar y morir... o enfrentar un doloroso proceso de renovación que le llevará aproximadamente 150 días. Ese proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y recogerse en un nido, próximo a un paredón donde ella no necesita volar y se siente más protegida. Entonces, una vez encontrado el lugar adecuado, el águila comienza a golpear la roca con el pico... ¡Hasta arrancarlo! Luego espera que le nazca un nuevo pico con el cual podrá arrancar sus viejas uñas inservibles. Cuando las nuevas uñas comienzan a crecer, ella desprende una a una, sus viejas y sobrecrecidas plumas. Y recién después de todos esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatrizaciones y crecimiento, logra realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento y festejo para vivir otros 30 años más.